jueves, 18 de mayo de 2017

Un 18/5/74 Argentina vence a Francia en el Parque de los Príncipes por 1 a 0 Gol de Mario Kempes .

Un 18/5/74 Argentina vence a Francia en el Parque de los Príncipes por 1 a 0 Gol de Mario Kempes .


Kempes "La figura" del partido  
Tapa de la Revista "El Gràfico"


Formación de ese encuentro.
arriba:Glarìa,Bargas,Sa,Carnevali;Perfumo y Telch.
abajo: Balbuena,Brindisi,Kempes,Squeo y Houseman


El "Matador"



Kempes en acciòn


Intercambio de casacas.



 Gol de Kempes

miércoles, 17 de mayo de 2017

Leyendas del Fútbol : Nota de www.futbol-tactico.com

MARIO ALBERTO KEMPES No diga Kempes, diga gol 


Antes de la irrupción como figura del fútbol mundial de Leo Messi, y antes aún de Diego Armando Maradona, el genio argentino que alcanzó las máximas cotas del éxito siendo el futbolista más importante de un país, de una generación, de un club, fue nuestro protagonista de hoy: Mario Alberto Kempes. La historia del fútbol argentino tiene un antes y un después de la aparición de Kempes. Gran parte del primer entorchado mundial que luce en las vitrinas de los albicelestes se debe a los goles de este potente delantero que hizo grande tanto a su Selección Nacional, como a uno de los principales clubes españoles, el Valencia C.F.


Mario Alberto Kempes, nacido en Bell Ville en la Córdoba argentina el 15 de julio de 1954, fue apodado "El Matador" por su facilidad para perforar las redes de la portería rival. Su posición en el terreno de juego sería, lo que hoy en día es, un enganche o un punta que parte desde banda izquierda. Fue el auténtico artifice del triunfo en la Copa del Mundo de 1978 disputado en su argentina natal, siendo además, el máximo artillero del torneo. Ese mismo año sería premiado con el Once de Oro al mejor jugador de Europa. Kempes es considerado como uno de los grandes jugadores argentinos de la historia, y fue elegido por la IFFHS como el 6º mejor jugador argentino del siglo XX. Como futbolista fue un 9 de área que se destacaba por su zurda potente, facilidad para el gol, velocidad, coraje y destreza. Siempre estaba un segundo más adelantado en el tiempo que el resto de los jugadores, su capacidad de reacción era increíble, la cual, acompañada de unas condiciones físicas excelentes, y un disparo envidiable, lo hacían un delantero muy completo. También era poseedor de un cabezazo letal. Su imagen va unida al vendaje que sujetaba su rodilla. Se comentaba que podía deberse a una manía, pero Mario Alberto explicaba que "No. Dos semanas antes del Mundial 78 choqué con un jugador del Gijón. Trabé mal y tenía un dolor terrible. En el club me dijeron que la única solución era la operación y los médicos ya estaban afilando el cuchillo... Entonces fui a ver a un curandero, un viejito. Me hizo unos masajes, me dio esa venda para que aguante el músculo y no me dolió más".

Instituto

 "Se llama Mario Kempes y si no hace un gol antes de los 15 minutos, devolvémelo". La célebre frase pertenece a Eduardo Tossolini, presidente del club de Bell Ville, y su destinatario era Atilio Pedraglio, un directivo de Instituto que buscaba al sucesor del goleador Hugo Curioni, transferido a Boca en 1970. Pedraglio tomó nota del jugador y de la cifra que pedía Bell por su pase, unos tres mil dólares de la época, una cifra muy alta para un jugador desconocido. Así, fue convocado para un amistoso de Instituto frente a Argentino Central, que había sido subcampeón en la Primera B cordobesa. "Marito", que por entonces contaba con 17 años, se reunió junto con otros futbolistas que también esperaban ser evaluados. El técnico albirrojo era Armando Rodríguez, quien reunió al grupo y pidió a cada uno que se identificara con nombre y procedencia. "Carlos Aguilera, de Bell Ville", mintió "el Matador" cuando llegó su turno. Mario prefirió mentir para ganarse una oportunidad, sin que Rodríguez se viera mediatizado por las informaciones que de él había recibido. El partido fue seguido apenas por un puñado de espectadores que, sin saberlo, estaban asistiendo al debut de quien seis años más tarde se consagraría campeón y goleador del Mundial '78. Ese tal "Aguilera" fue la figura más destacada para los pocos medios de prensa presentes en la cancha: le cometieron un penal y marcó un gol a los 27 minutos, un poco más tarde de lo prometido por Tossolini. Pese a la "demora", la incorporación de Kempes a Instituto se concretó en una breve negociación aunque se llegó a un acuerdo con su padre para que continuara sus estudios. "Mario jugará en Instituto, pero se quedará a vivir en Bell Ville. Tiene que estudiar y viajará el día de los partidos", fue la condición impuesta por su progenitor. Kempes disputó tres partidos bajo el nombre de Aguilera, destacando para la prensa local, lo que propició el "debut" ya con su nombre real ante Belgrano en la Copa Neder Nicola. Según comentó el protagonista, su pase a Instituto no dejó un dolar en las arcas del Bell Ville, tan sólo "le dieron un juego nuevo de camisetas, arreglaron la iluminación y algunas otras cositas para el estadio". Con su llegada, Instituto volvió a ser campeón de la Liga Cordobesa después de seis años de sequía. Allí, Kempes integró una de las mejores delanteras de la historia del fútbol cordobés junto a José Luis Saldaño, Osvaldo Ardiles, Alberto Beltrán y José Luis Ceballos o Ricardo Cherini. Su debut en Primera División fue en un encuentro ante Newell´Old Boys el 5 de octubre de 1973. Cuatro días más tarde logró su primer gol en la máxima categoría, se lo anotó a River Plate en un partido televisado, lo que permitió a Kempes cobrar trascendencia a nivel nacional. Finalizó la competición en el tercer puesto de la tabla de goleadores, fue llamado a disputar un torneo juvenil en Cannes con Argentina, e hizo 4 goles en tres partidos. Ese mismo año debuta con la absoluta.



Rosario Central 

En 1974 Rosario Central lo compró por 160 mil dolares. Recién llegado, marcó un total de 4 goles en 9 partidos en el torneo local donde fueron subcampeones, y también marcó 3 goles en la Copa Libertadores donde Central fue eliminado en primera ronda. Mario no disputó todos los partidos ya que fue convocado para jugar en el Mundial de fútbol de ese año. Durante el Torneo Nacional de 1974, Kempes marcó un total de 25 goles en 25 partidos y se convirtió en el máximo goleador del campeonato, clasificando a Central para jugar la Copa Libertadores de 1975. Ese mismo año, en el Torneo Metropolitano, se convertiría en el goleador de su equipo con 25 tantos en 28 encuentros. Durante el campeonato marcó 4 veces 4 goles en un mismo partido: ante Banfield en la victoria por 5 a 0, ante Ferro en la victoria por 5 a 1, ante Temperley en la victoria por 5 a 1 y ante Estudiantes en la victoria por 4 a 2. Central alcanzó las semifinales en la Copa Libertadores donde Kempes hizo 5 goles. En la segunda mitad del año Rosario Central disputó el Torneo Nacional finalizando quinto con 13 goles del matador. Al año siguiente volvió a ser goleador del torneo,convirtiendo 21 goles en 22 partidos Su último partido oficial con Rosario Central fue ante Newells. Disputó un total de 123 partidos y convirtió 97 goles en su paso por el "canalla", lo que lo convierte en el mayor goleador de la historia del club. A la postre, Kempes fue el máximo goleador de la primera división del fútbol argentino las temporadas de 1974 y 1976.


Valencia C.F. 

Fichado por Pasieguito, que lo descubre por la prensa argentina, "Cuando a un jugador del interior lo destacan tanto en 'El Gráfico' será por algo", y tras pagar un traspaso de 30 millones de las antigüas pesetas, debuta con el Valencia CF en el trofeo Naranja de 1976, en el que no tuvo un inicio demasiado brillante, ya que falló incluso un penalti, lo que provocó las primeras inquietudes en la siempre exigente afición valencianista. Y aun arreciaron más las críticas tras las dos primeras jornadas de liga, en las que Kempes no conseguía marcar. "¡Qué gol nos ha colao, Pasiego!", recriminó el presidente che al técnico en la noche del debut del supuesto crack. Ese argentino que salió abucheado los dos primeros partidos, se convirtió en apenas unos partidos en el ídolo de Mestalla, en el jugador más importante de la historia del Valencia, en el futbolista que paseó con honor y gloria la camiseta de la "senyera", y porque colocó al Valencia CF en el mapa futbolístico y proyectó al club a nivel internacional. Mario Alberto siempre ha repetido que necesitó un par de meses para adaptarse al cambio de vida. Pero aquello quedaría como una anécdota con el paso de los años, ya que fue Pichichi de la Liga Española en las temporadas 1976-77 (24 goles) y 1977-78 (28 goles). Respecto a la consecución de estos dos pichichis, Kempes, con humor, comentó que "Sentí orgullo. Me dijeron que iba a tener que cambiar las puertas de casa, porque el trofeo era grandísimo. Era una broma, me dieron los dos juntos y eran dos cositas chiquititas. Un juguete, una vergüenza". Se proclamó con el Valencia campeón de la Copa del Rey de 1979 al vencer en la final al Real Madrid por 2-0 consiguiendo él los dos goles, y un año después logró la Recopa de Europa el 14 de mayo de 1980 ante el Arsenal en la tanda de penaltis, en la que falló el suyo, pero sin que esto empañara su gran actuación a lo largo de toda la competición, ya que fue su máximo goleador con 9 tantos. También lideró al equipo que consiguió la Supercopa europea en esa misma temporada ante el Nottingham Forest, el considerado mejor equipo de Europa en aquellos momentos.


Argentina´78 

Entretanto, el potente goleador del club che, fue convocado de cara al Mundial que se iba a disputar en el país que le vió nacer. Durante la primera fase de la competición, ante equipos como Francia, Hungría e Italia, Kempes no consiguió marcar. César Luis Menotti, seleccionador nacional dijo sobre el "Matador" que "Tiene potencia, buen toque, despliegue y pegada. Es un jugador desequilibrante que puede jugar como delantero por el centro". Menotti, buscando soluciones para recuperar a su delantero más eficaz y que esa misma temporada había sido el máximo goleador de la Liga española por segundo año consecutivo, se olvidó de argumentos futbolísticos y apostó por lo psicológico. Ese jugador importante tenía que aparecer y cuenta el "flaco" que “Le sugerí que se afeitara el bigote a modo de cábala, lo hizo y parece que funcionó. Metió 6 goles, quedó como goleador y fue elegido la figura del torneo”. Le hizo dos goles a Polonia, otros dos a Perú y dos más en la final contra Holanda. "Luque me entregó la pelota. Piqué, entré al área, me salió el arquero y comencé a caer. En el último esfuerzo alcancé a tocarla. Fue gol. Nunca en mi vida escuché un estruendo como ése. El césped temblaba" , recordaba Mario Alberto convirtiéndose en la figura del Mundial. Aquel fue un torneo en el que no participaron ni la futura estrella argentina Diego Armando Maradona, ni la estrella holandesa Johan Cruyff, pero sí lo hicieron consagrados futbolistas internacionales de la época como Johan Neeskens, Teófilo Cubillas, Zico, Dino Zoff y Mario Kempes, además de Michel Platini, Karl-Heinz Rummenigge y Paolo Rossi, entre otros jóvenes valores destacados, siendo Kempes el auténtico protagonista por delante de todos ellos. Según cuenta el que fuera protagonista máximo de la final de 1978, nunca llegó a "acariciar" el trofeo conseguido: "No, no la toqué, ni esa noche ni nunca. Porque al día siguiente se la llevaron y no la vimos más. Era imposible llegar a la copa, estaban todos desesperados. La única copa que pude tocar fue una de chocolate que me mandaron de una confitería de Bell Ville, una réplica de la del Mundial". Lo único que conserva de ese histórico encuentro, fue la camiseta vestida en la primera mitad, que guarda como el tesoro que és. Así, Mario Alberto Kempes volvió a Valencia como campeón del Mundo.



River Plate y su regreso a España 

Mario Alberto Kempes fichó por River Plate en 1981, por un importe de 300 millones de pesetas (diez veces más de lo que le costó al Valencia), ganando el Campeonato Nacional con Alfredo Di Stéfano de entrenador y marcando un gol en la final ante Ferro Carril Oeste. Sin embargo, en la temporada siguiente, volvió al Valencia al abonar el club argentino menos de la mitad del importe, sólo 130 millones de pesetas que adeudaba al club blanquinegro. Su última temporada como valencianista fue la disputada en 1984/85, jugando su último partido oficial con la camiseta che ante el Real Murcia, partido en el que fue titular y donde marcó un gol en el minuto 37. El Valencia CF le homenajeó con un partido en 1993 ante el PSV de Romario donde "el Matador" dijo adiós a lo grande: marcó tres goles y ofreció una lección de ese fútbol mágico que le caracterizó durante su estancia en España. El público agradeció el generoso esfuerzo a sus 38 años y las muestras de exquista calidad que surgieron de sus botas y, puesto en pie, le despidió con una atronadora ovación cuando abandonó el campo mediada la segunda parte. A partir de entonces, Mario probó suerte en un equipo de futbol sala, el Autocares Luz, aunque la experiencia no fue ni fructífera ni duradera. A los pocos meses acabó recalando en el Hércules C.F. de Alicante, logrando con sus goles que el equipo siguiera en primera durante las dos temporadas siguienes. A partir de ahí, Kempes jugó en diferentes ligas menores y clubes como el First Vienna, el Sankt Polten, el Krems y el Arturo Fernández Vidal de la segunda chilena. En este último se convirtió en figura a pesar de su avanzada edad para el fútbol, marcando cinco goles en 11 partidos en el año 1995. Acabó su carrera en el Pelita Jaya de Indonesia la temporada de 1996/97 marcando 10 goles en 15 partidos,con 41 años. Actualmente, es el embajador de la imagen del Valencia C.F. a lo largo y ancho del mundo.

Noto original y fuente :www.futbol-tactico.com

Ficha Técnica

Nombre: Mario Alberto Kempes Chiodi (Belleville, Argentina, 1954)
Equipos: Instituto, Talleres Córdoba, Rosario Central, Valencia, River Plate, Valencia, Hércules, First Viena, St. Polten.
Partidos jugados/goles en Liga 1ª División: 185 partidos / 116 goles

Temporada     Nºpartidos     Nºgoles

1976-1977              34                24

1977-1978              34                28

1978-1979              31                12

1979-1980              32                22

1980-1981              12                 9

1982-1983              27                13

1983-1984              15                 8



Partidos jugados/goles

Liga: 185 partidos, 116 goles

Copa: 30 partidos , 17 goles

Copa de la Liga: 4 partidos

Europa: 28 partidos, 13 goles

Total: 247 partidos, 146 goles

Títulos

1 Copa, 1 Recopa, 1 Supercopa de Europa

Clubes

Instituto — Argentina — 1973
Rosario Central — Argentina — 1974 - 1976
Valencia — España — 1976 - 1981
River Plate — Argentina — 1981 - 1982
Valencia — España — 1982 - 1984
Hércules CF — España — 1984 - 1986
Vienna — Austria — 1986 - 1987
Sankt Pölten — Austria — 1987 - 1990
Kremse — Austria — 1990 - 1992
Fernández Vial — Chile — 1995
Pelita Jaya — Indonesia — 1996
Seleccion — Argentina — 1973 - 1982

Palmarés

Campeonatos nacionales
Liga Cordobesa de Fútbol — Instituto — Argentina — 1972
Copa del Rey — Valencia CF — España — 1978/79
Torneo Nacional — River Plate — Argentina — 1981

Copas internacionales
Copa Mundial de Fútbol — Selección Argentina — Argentina — 1978
Recopa de Europa — Valencia CF — España — 1980
Supercopa de Europa — Valencia CF — España — 1980

miércoles, 3 de mayo de 2017

No diga gol, diga Kempes

No diga gol, diga Kempes
.quién me presta una escalera, para subir al madero

para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno.
Antonio Machado.

Nota de Alex Couto Lago en www.elfutbolesinjusto.com

Alex Couto Lago
Entrenador Nacional Fútbol, Técnico Deportivo Superior. RFEF. Máster Profesional en Fútbol. Ldo. en CC. Económicas y Empresariales USC




Década de los 70. En un lugar indeterminado del noroeste peninsular, un niño juega en la alfombra del salón de su casa, mientras de fondo suena la voz doliente de un Serrat que canta al Cristo de los Gitanos, la televisión encendida, blanca, gris y negra, enorme, como las Telefunken de antes. En la pantalla fútbol, en la calle el invierno atlántico lanza impunemente una lluvia incesante que empapa el ánimo, ya de por sí melancólico, del nativo del lugar. Galaecia “fulget” en verano, pero en invierno ruge y silva, porque el viento no se doma.

El niño, indiferente al fragor de la tormenta, al sentir rítmico de los lamentos machadianos, juega en su alfombra verde esmeralda con dos lápices entre sus dedos. La atención puesta en sus cosas pero su intuición gritándole que levante la mirada y que abra los ojos. Algo pasa en la tele: un nazareno de blanco impoluto galopa desbocado por el prado futbolístico de un Mestalla sin bautizar. Los rivales sufren su brío, su potencia, su esbeltez, su instinto letal de goleador de alta cuna. El niño, con la mirada fija en esa TV en blanco y negro, embelesado por lo que ve, da volumen al aparato y oye por primera vez una cantinela que se repetirá en su subconsciente siempre que vea a un futbolista que domina el viento: “No diga Kempes, diga gol”.



Mario Alberto Kempes, el “Matador”,  jugador de fútbol

Querer ubicar a Kempes en un terreno de juego es como querer poner puertas al mar. Kempes es futbolista, juega de futbolista y ejerce de futbolista. Allá por donde pisa se hace notar y su posición es simplemente la de aparecer allí dónde puede iniciar su galope y finalizar la acción de la única manera que conoce: en gol.

Siempre fui fiel a mis iconos futbolísticos y tengo que reconocer que, de entre todos los jugadores de fútbol que me han impresionado a lo largo de mi vida, el que más, el que está en la cúspide es Mario Alberto Kempes. Por lo tanto, me disculpo de antemano porque en este escrito se podrá encontrar de todo, menos objetividad. Todos mis juicios sobre este jugador salen del más estricto sentimiento de respeto y admiración, que espero poder acompañarlos de algún criterio futbolístico digno de tal personaje, pero la paridad que debe acompañar un análisis ponderado brillará por su ausencia. Espero sepan perdonar esta falta.

El porqué Mario Kempes representa para mí el ideal de futbolista referente nace en la cabecita impresionable de un niño de nueve años que mira al fútbol con ojos de lince, escrutando todo lo que pasa dentro y fuera de un terreno de juego. Hay jugadores que marcan épocas por pertenecer a un equipo ganador, hay otros que son especiales porque reúnen todo el talento natural y se ven acompañados de todo el talento colectivo para brillar. Hay jugadores que deslumbran cuando llegan al equipo superior, los hay que de por sí son capaces de resolver todo lo que se le plantee por delante. Pero yo, corríjanme si me equivoco, sólo he conocido a un jugador que no jugando en los equipos más grandes del momento, no ejerciendo una influencia dominante en el estilo y la forma de jugar, no imponiendo una dinámica de poderío insultante, fuese capaz de destacar y hacer destacar como fue Mario Alberto Kempes.

Estéticamente, que me perdone Don Johan Cruyff, Don M.Platini, Pelé, el Bambino Rivera y un largo etcétera, pero, bajo mi criterio, nunca he visto a un jugador tan elegante y tan estético en su forma de jugar como Kempes. Además, en su estilo de juego, en sus maneras se dan la mano la perfección de correr y conducir la pelota, con todas las imperfecciones propias de un zurdo cerrado que tiene la pierna derecha para poder seguir corriendo y, a veces, como se hace en las grandes finales, marcar los goles determinantes, contra todo pronóstico y saltándose las más sagradas leyes de la física, las de Newton incluidas.

Mario Kempes no jugó en los mejores equipos de su época, pero destacó y puso en el candelero a aquellos equipos a los que representó. Su forma y estilo de juego evolucionó desde una posición centrada en el medio del campo, hasta un lugar indefinido en cualquier posición de ataque del equipo en el que jugaba.

Su virtud principal era la conducción al galope tendido, sorteando todos y cada uno de los obstáculos que se le presentaban por el camino, sin necesidad de fintas, de engaños o pausas. Kempes recogía la pelota y con espacio iniciaba una carrera desesperada hacia la portería contraria con el objetivo de marcar gol. Si en el camino la situación requería otra acción buscaba la complicidad del compañero más cercano para la consecución de una pared que le permitiera proseguir en su loca cabalgada. Al final, dos consecuencias: el gol o la caída. No había otra en un fútbol que se caracterizaba, no como hoy, en un ejercicio de contundencia aprendida en los más embravecidos potreros y solares de la época.

Kempes tenía el don del gol, el don del regate y la capacidad de ver mientras corría. Capaz de solventar problemas en situaciones impensadas, no reproducidas en procesos de entrenamientos previos, capaz de revolverse entre un galimatías de piernas sin perder el balón y si esto sucedía —lo podrán comprobar en multitud de imágenes— Kempes no volvía en busca de la pelota, no le hacía falta porque la pelota lo buscaba a él. ¡Verídico! Nunca un jugador que yo haya visto se ha favorecido tanto de las ventajas de los rechaces como Mario Kempes. En situaciones de igualdad, la pelota, pudiendo ir a cualquier sitio, siempre iba a parar a sus pies, ¿casualidad? Lo dudo. Prefiero dudarlo, quiero pensar que la pelota, sabia y consecuente, sabía elegir quién quería que la patease en el momento final. Si yo fuese pelota, también hubiese preferido que me patease Kempes
Su trayectoria se inició en su Córdoba natal (Argentina) y pronto el Instituto de Córdoba lo invitó a formar parte de su elenco de jóvenes promesas, alguna de ellas destinada a vivir momentos de noble relevancia, como el inolvidable Osvaldo Ardiles. Su talento natural y su potencia de juego no pasaron desapercibidas para uno de los grandes del momento, Rosario Central. En el Gigante de Arroyito, Kempes dio buena muestra de su valor futbolístico y de su instinto goleador, quedando máximo artillero y ganándose el derecho a disputar el mundial de Alemania de 1974 con apenas 20 años.
Allí, en su experiencia alemana, participó en un Mundial que fue frustrante para su selección, viviendo la confirmación de una selección holandesa que estaba llamando al fútbol por otro nombre. El fútbol clásico de pausa y requiebro dejaba lugar al fútbol total: “TotalVoetbal”. Kempes midió sus fuerzas con jugadores que estaban llamados a romper los moldes del fútbol moderno, sin ser consciente de que él mismo sería uno de ellos.

A su vuelta a Rosario, el joven Kempes sigue manteniendo su nivel competitivo, erigiéndose como uno de los mejores goleadores del campeonato nacional. Desde muy joven llamó la atención de los equipos punteros de su zona, teniendo incluso la oportunidad de poder vivir una aventura en el fútbol uruguayo. Pero Dios le tenía guardada una sorpresa al joven Mario.

De todos es sabido que al séptimo día Dios descansó y en su aburrimiento inventó el fútbol para evitar esos largos domingos de tedio. En su conciencia supo que José el carpintero, San José, merecía un homenaje a la altura de sus servicios divinos, ser el padre del Cristo Nazareno debía ser recompensado como se merecía y ahí obró el milagro. Un día de verano de 1976 iluminó la mente de un visionario valenciano, “Pasieguito”, y le indicó el camino hacia dónde debía dirigirse. Sin pensarlo dos veces y ante la insistencia de Don Bernardino Pérez Elizarán, “Pasieguito”, el Valencia ficha a Mario Alberto Kempes, permitiendo su debut en un trofeo Naranja de aquel verano. Kempes dejo de ser “canalla” para convertirse en “ché”.

Su inicio no pudo ser más desafortunado, sembrando de dudas el palco de un Luis Casanova que miraba como la nueva adquisición tenía enormes dificultades para adaptarse a las costumbres de un fútbol nuevo. En su debut en el torneo Naranja, el Valencia queda último y Kempes incluso falla un penalti.

Pero, a pesar de la duda surgida, pronto convertirá las espinas del camino en un rosal en flor y Valencia vivirá una de las mejores etapas de su historia, disfrutando junto a su santo patrón del mayor de los regalos, el fútbol dinámico y determinante de Mario Kempes.

Sus dos primeras temporadas en Valencia son apoteósicas, ganando el trofeo Pichichi al máximo goleador de la competición y situando a Valencia en la élite del fútbol nacional. Manzanedo, Pereira, Carrete, Tendillo, Arias, Bonhoff, Botubot, Subirats, Felman, Saura, Solsona, Pablo y otros tantos más, logran consolidar al Valencia como un outsider al campeonato de liga, por primera vez en muchos años.

Su aportación al colectivo ché le sirve para que César Luis Menotti lo convoque para el Mundial que se celebrará en 1978 en su país, Argentina.

Kempes formaría parte del elenco de elegidos para afrontar un evento lleno de controversia y conflicto social en un país bañado por el miedo y la tortura encubierta en un régimen de orden impuesto, dispuesto a hacer del Mundial una ventana al mundo a través de la que vender su quimera intransigente.

Kempes iniciaría en este ámbito su camino hacia la gloria.

Después de una primera vuelta decepcionante en dónde Mario no es capaz de anotar ningún gol, se inicia la fase definitiva del campeonato dónde “el Matador” sacará todo su potencial, llevando junto a otros míticos la selección albiceleste a la final ante la todopoderosa, pero huérfana de líder, Holanda de Enrst Happel.

Si antes del Mundial, un servidor había caído rendido ante el impacto futbolístico de Mario Kempes, en el Mundial de Argentina se asentaron las bases para elevarlo a icono inamovible. Los impactos emocionales vividos en la más tierna infancia tienden a llevarse dentro de uno mismo el resto de la vida y a hacerlos coherentes con las maneras de pensar de uno, aún a riesgo de manipular la realidad. Kempes consiguió en el Mundial de Argentina 78 confirmar mi predilección hacia su juego. El tiempo ha conseguido justificar mi gusto y mi respeto.

Kempes se proclama con sus compañeros Campeón del Mundo y máximo goleador del campeonato y se le considera como el mejor jugador del torneo.

Fuera del ámbito FIFA, Kempes y el resto del equipo argentino encabezado por Menotti se erigen como leyendas silenciosas que convirtieron un momento de drama y terror en dos horas de absoluta algarabía. Por un momento y sin saber sus consecuencias, serían los héroes del pueblo, de esa gente que, como bien dijo en su momento Menotti, es la que se sienta en la grada y no en el palco, la gente de la calle, del barrio, la que sufre la ausencia del ser que le han arrebatado.

Kempes, Menotti, Bertoni, el mítico Tarantini, (otro ídolo, por cómo fue capaz de estrecharle la mano al General Dictador Videla, después de haberse atusado profusamente la melena testicular), Ardiles y el resto del plantel convirtieron un país perdedor de mundiales, perdedor de derechos civiles, perdedor de esperanzas inmediatas, en un Campeón del Mundo.

Después del Mundial 78 y pasados los años, después de conocer lo que allí ocurrió, cómo ocurrió y las consecuencias de aquellos actos, Kempes pasó a convertirse en mi subconsciente futbolístico en un referente del ídolo humilde, el ídolo que no crece por jugar en los grandes, sino que hace grande al equipo en el que juega y crece hasta las alturas del éxito trabajado desde el contexto de la simbiosis de intereses comunes.

A su vuelta a Valencia, transmite su aura ganadora al resto del equipo y en 1979, el Valencia se alza con la Copa del Rey al vencer al Real Madrid, con dos goles de Kempes, marcando de la forma en que se marca en las finales, con la derecha y sin pensárselo mucho.

Este triunfo les permite jugar en 1980 la Recopa de Europa, torneo al que llegan a la final, que disputarán frente al Arsenal de Londres.

En una final épica, jugada en el estadio Heysell de Bruselas y bajo las órdenes de Don Alfredo Di Stefano, el Valencia juega un partido mítico en el que Kempes es protagonista por un doble motivo: Por un lado ser el referente ofensivo de su equipo durante los 120 minutos de partido y, por otro, por fallar el primer y decisivo penalti de la tanda final.

Ese día, San José no necesitó de los servicios de Kempes porque había iluminado con luz propia a un gallego de la ría de Pontevedra, Pereira, que con su acierto, detuvo el primer y último penalti al equipo inglés, concretamente a Graham Rix, convirtiendo al Valencia C.F. en campeón de campeones.

Al año siguiente se alzarían con el trofeo de Supercopa de Europa imponiéndose al sorprendente y mítico Nottingham Forest de Brian Clough y Peter Taylor.

En 1981 Kempes es vendido al River Plate, donde jugaría por un espacio corto de tiempo, viviendo las sensaciones de un crack en un equipo siempre obligado por historia y prestigio a ganarlo todo. Su vuelta inmediata provocada por problemas económicos del club de ‘los millonarios’, permitió al Valencia volver a disfrutar de su líder perdido.

Después de vivir un mundial 82 en España aciago y descorazonador tanto a nivel individual como colectivo, Kempes inicia una trayectoria por diferentes equipos del centro de Europa, volviendo a España para encabezar una aventura apasionante en un Hércules que vivía tiempos de gloria en Primera División.

Su paso efímero por el equipo alicantino será recordado por su aporte de clase y criterio en un equipo que no estaba llamado para grandes metas, pero que supo aglutinar el talento del crack y el trabajo del operario humilde y recio.

Su trayectoria futbolística se fue diluyendo poco a poco hasta terminar por decantarse hacia tareas de entrenador, camino para el que no estaba llamado por los duendes del fútbol.

Actualmente destaca en su labor de difusión periodística en la cadena ESPN para América Latina, al lado de uno de los referentes del medio como es Fernando Palomo. Pero esta ya es otra historia.

Mario Alberto Kempes, “el Matador”, dominador del viento, jugador de fútbol, galope y ritmo, estética y gol. Considerado entre los 100 mejores jugadores de la historia por la FIFA, uno de los seis mejores futbolistas argentinos, según los críticos de su país.

Para mí, el jugador que despertó en mi niñez el deseo de ser futbolista, el querer jugar así: altivo, elegante, nazareno de blanco impoluto, de valorar el criterio, el gol y el sentimiento de un juego que nos alegra la vista y nos ilumina el espíritu

sábado, 29 de abril de 2017

Mario Kempes y su merecido homenaje

Mario Kempes y su merecido homenaje
por Eduardo Bolaños


Un inolvidable póster futbolero para el hincha argentino. Mario Kempes corre alborozado con sus brazos en alto. Le acaba de marcar el primer gol de la final a Holanda y desata la fiesta en el estadio monumental.

Unos minutos antes que la selección comenzara su partido ante Costa Rica en el cierre del Grupo A de la Copa América se produjo un hecho saludable, pero muy poco común entre los argentinos: hacer un justo reconocimiento en vida a un protagonista. El implicado fue Mario Kempes, que pudo recibir una enorme ovación de todo el público que colmaba las instalaciones del estadio que ahora lleva su nombre.

Quizás por cierto bajo perfil o por haber jugado en años previos a la gran explosión de los medios, creo que no se tiene la real dimensión de quien fue el “matador” y lo que significó para el fútbol argentino.


Nacional 1973: Uno de los mejores equipos en la historia de Instituto de Córdoba, con una delantera fantástica. Ellos son los cinco de la línea de abajo: Saldaño, Ardiles, Kempes, Beltrán y Willington.

Hizo su aparición para el mundo del fútbol en el Nacional de 1973, conformando una excelente delantera de Instituto de Córdoba, junto a Saldaño, Ardiles, Willington y Beltrán. Su potencia enseguida llamó la atención y fue Rosario Central (uno de los mejores equipos de aquellos tiempos), quien se quedó con su pase para 1974, año en el que disputó su primer mundial en Alemania.



Imágen de los años ´70 100%: El blanco y negro dándole su toque a la vieja cancha de Rosario Central, mientras Kempes se ata los botines, preparándose para hacer lo que más sabía: el gol.

Partido a partido, sus tantos se multiplicaban y el muy buen cuadro que dirigía Carlos Griguol, con Killer, Aimar y Poy, entre los más destacados, peleó cada certamen que disputó, alcanzando las semifinales dela CopaLibertadores1975.


Apenas dos años y medio le bastaron para estar en la historia grande de Rosario Central: 89 goles en 107 partidos. Estos números avalan la enorme idolatría que el “matador” se ganó en Arroyito.

La temporada siguiente, luego de haber marcado más de 100 oportunidades con la casaca del club de Arroyito se fue con su bohnomía y sus gritos del otro lado del océano. El Valencia lo recibió con los brazos abiertos y el respondió con su mejor lenguaje: el gol.


La expresión de Daniel Bertoni fue la de todo el pueblo argentino en aquella noche ante Polonia: un agradecimiento al portador de esa camiseta número 10. El aire rosarino le cambió la racha a Kempes y a la selección argentina.

Llegó el mundial 1978 y Kempes fue el único futbolista que integró el plantel que actuaba en el exterior. Su primera rueda fue opaca, como buena parte de la actuación del equipo, pero el haber salido segundo de Italia derivó en un viaje a Rosario para la segunda fase y allí, en ese estadio que lo había visto en su mejor versión, el “matador” recobró la memoria.


Como si fuera un avezado arquero, Mario Kempes vuela y con un puñetazo desvía el cabezazo de Lato, luego de quedar vencido Fillol (parado al lado del poste izquierdo). Unos instantes después, el “pato” detuvo el penal.

 Ante Polonia tuvo una noche soñada, ya que marcó los dos goles de la victoria y, además, “hizo de Fillol” cuando un cabezazo de los europeos iba camino a convertirse inexorablemente en gol (con el aquero vencido) y Kempes se arrojó y con un puñetazo evitó la caída. El 50% restante lo hizo el enorme guardavallas argentino al detenerle el penal a Deyna.

Dos goles más en el discutido encuentro ante Perú ayudaron a la clasificación a la final frente a Holanda, donde nuevamente apareció en toda su dimensión, con otras dos conquistas que ya son parte de las más selectas imágenes del paladar futbolero del argentino. Fue el goleador y la figura indiscutida de esa Copa del Mundo.


Marzo de 1981: River venció a Colón por 4-0 en el estadio monumental. Kempes saluda con su brazo en alto luego de marcar un gol. Fue la tarde de su debut con la banda roja. Detrás aparece René Houseman.

Un par de años de no tan buen rendimiento en Valencia y la necesidad de River de contrastar de algún modo la contratación de Diego Maradona por parte de Boca, hicieron que Kempes regresara al fútbol argentino en marzo de 1981. Una molesta lesión no le permitió estar a la altura de sus antecedentes en el metropolitano, pero el Nacional le dio revancha y allí fue el autor que le dio el título al club de Núñez ante Ferro.


Cualquier similitud con el festejo del mundial 1978 no es pura coincidencia. Mario corre a celebrar su gol en la calurosa tarde de caballito en diciembre de 1981. River superó a Ferro 1-0 y se consagró campeón nacional.

En 1982 ingresó a la galería de los pocos futbolistas que se dieron el gusto de disputar tres Copas del mundo, un lugar reservado sólo para los elegidos. Y no hay dudas que Mario Alberto Kempes ha sido uno de ellos. Un grande, al igual que las dimensiones de ese estadio, orgullo de su provincia, que con enorme justicia, lleva su nombre.

Eduardo Bolaños
@Edu_sport

(Nota original: https://lasimagenesretro.wordpress.com/2011/07/13/mario-kempes-y-su-merecido-homenaje/)

miércoles, 26 de abril de 2017

Mario Kempes

Mario Kempes
Por Vicente Gorgues 08.08.2015
(www.levante-emv.com)



Hace algunos años, gracias a la intermediación de un amigo común, tuve la enorme fortuna de conocer a Mario Kempes. Para quien escribe eran tiempos muy difíciles, mi madre aquejada de demencia senil se iba consumiendo poco a poco en su ancianidad. Sonó el teléfono, al otro lado, un amigo: escucha, que si no tienes nada que hacer después de comer Mario te invita a tomar un café. Era verano, Kempes pasaba unos días de vacaciones en un chalet del Plantío. La llamada me entusiasmó. Sin saber si me entendería, le dije a mi madre que Kempes me invitaba a tomar un café. Ella sonrió y dijo: vete, vete, que es muy amigo tuyo. En su enturbiada memoria, ella, al igual que muchos valencianistas, le tenía un cariño especial.

Mario me recibió cordialmente, se mostró como alguien sencillo, cercano y afable. En todo momento estuvo pendiente de que no me faltara de nada. Se produjo el extraño encuentro entre el fan y su ídolo. Ambos con más años, con el tiempo ya a cuestas. Mario, un comentarista de la cadena estadounidense ESPN. El adolescente forofo que lo idolatró, un humilde profesor. En la cercanía transmite humanidad y sentido del humor. Es un tipo que le quita hierro a las cosas. Todos pudimos escuchar con la simpleza que explicó a una radio argentina, horas antes de ser operado del corazón, que llegó para un preoperatorio de cadera y le iban a practicar una complicada operación cardíaca. A muchos valencianistas se nos heló el corazón al enterarnos. Su corazón aguantó, no se sabe cómo, quizás por el cariño que le dieron los valencianistas que nunca le pitamos, algo que no pueden decir todos.

Kempes llegó a España en 1976, repleto de goles argentinos. Muchos no lo conocíamos. Estuvo a punto de no pasar la revisión médica, pues llevaba dos perdigones en el cuerpo fruto de unas perdices que había tomado en la comida viniendo por la fatídica carretera de Madrid. Cuando él llegó, la canción de moda en aquella España tan diferente a la actual era «La Ramona», de Fernando Esteso. Adolfo Suarez, otro desconocido para la mayoría, acababa de ser nombrado presidente del Gobierno. En sus primeros partidos se le tildó de petardo. Sus inicios, como los de nuestro añorado presidente, fueron difíciles aunque pronto se fue ganando a la gente al ritmo de los goles que marcaba. 
Adquirió fama, popularidad, fue Pichichi dos temporadas en España, ganó la Copa del Rey del 79, siempre con la señera por montera. En la capital de España nunca le perdonarán que no fichara por el Real Madrid y en Barcelona que hiciera sombra a Johan Cruyff. Pero los zarpazos del destino se llevaron por delante lo que creíamos duradero e ilusionante, problemas con su clavícula comenzaron a mermarlo físicamente. La estrella se empezó a apagar a base de patadas y juego sucio.

Como decía Hurace Greely, periodista norteamericano del siglo XIX, la fama es un efluvio; la popularidad, un accidente; las riquezas, efímeras. Sólo una cosa perdura; el carácter. El carácter de Kempes celebrando los goles con sus compañeros, sin las excentricidades actuales, con los brazos levantados y la melena al aire. El carácter humilde de quien le quitaba importancia a las cosas. Tanto, que el primer año que consiguió ser Pichichi se enteró en el campo porque un compañero fue a felicitarlo, él no tenía ni idea.

Sería bueno que Kempes forme parte de nuestro escudo para siempre y así pueda ejercer de abuelo cerca de sus nietos valencianos. La fama desaparece pero el agradecimiento es eterno a un jugador que se siente orgulloso de su pasado como valencianista.


lunes, 24 de abril de 2017

Mario Kempes, una màquina de hacer goles.


Mario Kempes, una màquina de hacer goles.

En la historia rofesional de Rosario Central , Mario Kempes es el màximo artillero del club.
En total el Matador jugò 123 partidos oficiales y marcò golesn en 57 encuentros.
Ante Puerto Comercial fue la primera de las cuatro veces que hizo 4 goles.Las otras tres fueron en Metropolitanode 1975

Ante Puerto Comercial fue la primera de las cuato veces que marco cuatro goles.Las otras fueron en Metropolitano de 1975 ante Temperley,
 (L 6-2),Ferro(L 5-1),y Banfield (L 5-0).Ademàs en 7 oportunidades marco 3 goles en un mismo partido.

Kempes, Tres goles en seis minutos.
Un dato estadistico sobresaliente en una goleada frente a Banfield fuè que Mario Kempes marco tres de sus cuatro goles en apenas seis minutos.
A lo 33 puso el 2-0 de penal.Pero en los tramos finales del segundo tiempo vino la rafaga de goles.A los 79' de cabeza marcò el 3-0,alos 82' hizo
el cuarto y a los 84 de penal,anoto el quinto.

fuente:Diario "La Capital " de Rosario.



miércoles, 19 de abril de 2017

No diga gol, diga Mario Aleberto Kempes

Mario Alberto Kempes fue el adelantado a su época. Se convirtió en el traspaso más  caro entre clubes argentinos y  en el líder de la primera  Argentina campeona del Mundo.  Nunca presumió de eso.

Por CONRADO VALLE para AS Color.
9 de Diciembre de 2013




Mario Alberto Kempes cuesta encon trarle su sitio en el olimpo del futbol. Está como en zona de nadie entre los legendarios de este deporte.

Para muchos, su lugar está en un escalón intermedio entre los Pelé, Di Stéfano, Cruyff, Maradona y el resto de grandes de la his toria de este deporte. Su alma gemela en este sentido pu diera ser Eusebio, aunque los acérrimos de Marito, como lo conocían de niño, siempre po drán decir que a diferencia del portugués, su ídolo ganó un mundial. Alguno de sus fanáticos incluso iría más allá y diría que fue Kempes quien hizo ganar a Argentina su pri mer mundial, como Marado na su segundo.

Posiblemente las genera ciones que no lo vieron jugar conozcan a otras leyendas más que a Kempes. Al menos aquellos aficionados que no lo son del Valencia, porque para la mayoría de los va lencianistas no hay otro más grande en la historia que el Matador. Sin embargo, la IF FHS lo catalogó como el sexto mejor futbolista argentino del siglo XX. Quizás ese reco nocimiento menor hacia su figura se deba precisamente a que en Europa solo amó al Valencia, y en el ocaso de su carrera deambuló por Hér cules, First Vienna, Saint Pols ten y Kremser.

Seguramente también pudiera tener algo que ver el hecho de que nunca tuvo el ego que envuelve a los futbolistas en general y a las estrellas, en particular.

César Luis Menotti, el se leccionador de Argentina en 1978, escribía en la biografía de Kempes lo siguiente: “Re cuerdo que en medio de la locura de los festejos me dijo: ‘Gracias por llamarme, César. Esto se lo debo a usted’. No podía creer que él me es tuviera agradecido a mí”.


Otro ejemplo de su forma de ser: el día después de ese agrade cimiento a Menotti, apenas 24 horas después de ser el autor de dos de los tres goles de Argentina a Holanda en el Monumental de Buenos Ai res, Kempes viajaba de re greso hacia su querida Bell Ville, en el coche, con sus padres, como quien vuelve a casa tras haber pasado unas vacaciones en la playa. In cluso a punto estuvo de dar media vuelta y volverse por donde había llegado, y todo por un ataque de timidez que le entró cuando se enteró de que en su localidad natal lo esperaban multitud de veci nos en las calles y un camión de bomberos a la entrada, pa ra pasearlo por la ciudad co mo héroe nacional.

Kempes fue un futbolista que marcó un antes y un des pués en el futbol argentino. Pero su figura también quedó en parte eclipsada porque a la par que su ciclo enfilaba la recta final, emergía con fuer za la de otro compatriota suyo que, en su caso, iría más allá y alteró el orden del futbol mundial: Diego Armando Ma radona. Ambos compartieron vestuario en la selección —Maradona, de hecho, fue uno de los tres últimos des cartes que Menotti hizo de cara al Mundial de 1978, y después coincidieron en el de España de 1982—. Fueron, además, rivales en cinco clásicos entre Boca y River Plate. Aquello sucedió en 1981 y la sola presencia de ambos en el torneo Argentino animó la competición.


Maradona marcó más go les en esos cinco enfrenta mientos que el Matador —cinco por tres—, aunque Kempes ganó un partido más. Entre ambos siempre hubo química. Maradona respetaba la figura de su antecesor, por ser el ídolo de la patria hasta que él llevó a Argentina a ganar el Mundial de México en 1986. Además se entendían en lo personal. Cuenta Kem pes en sus memorias que a los pocos días de haber llegado a Buenos Aires, tras haber fi chado por River luego de su primera etapa en el Valencia, Maradona lo recogió en el hotel donde quedó hospeda do y se los llevó a él y su familia a comer a su casa.

Kempes nació un 15 de julio de 1954. Lo hizo en Bell Ville y su labor durante parte de su vida fue la de hacer goles. Ahora los narra y comenta en la cadena ESPN. Entre medias probó fortuna, sin éxito, como entrenador en parajes tan exóticos como impropios pa ra su personaje como el Pelita Jaya de Yakarta, el Lushnja de Albania, el Mineros de Ve nezuela o los bolivianos del The Strongest y el Blooming. Incluso hizo sus pinitos en el futsala, en el Autocares Luz de Valencia. Pero si por algo será recordado es por lo que hizo con un balón en los pies con el dorsal 10 en la espalda.

Durante 19 años como pro fesional militó en nueve clu bes —tres de Argentina: Cen tral de Córdoba, Rosario Cen tral y River Plate; cinco en Europa: Valencia, Hércules, First Vienna, St. Polsten y Kremser; y uno en Chile: seis meses en el Arturo Vidal de Segunda División, donde col gó definitivamente las bo tas—. En 555 partidos oficiales anotó 307 goles. A ellos hay que sumar los 20 que anotó en los 43 encuentros que disputó durante sus nueve años como internacional de Argentina, llegando a disputar tres mun diales —Alemania 1974, Ar gentina 1978 y España 1982—.


Seis de esos goles con la Albiceleste los celebró en el torneo de 1978, en el que, además de proclamarse Cam peón del Mundo, fue nom brado Mejor Jugador y Bota de Oro. Si en su casa no tiene Kempes un Balón de Oro es porque por aquel entonces France Football solo los en tregaba a los nacidos en Eu ropa. Lo que sí tiene son tres títulos con el Valencia —Copa del Rey, Recopa de Europa y Supercopa de Europa—, dos galardones de máximo golea dor de la liga española —con 24 goles en la 76-77 y 28 en 77-78— y un Campeonato Na cional que se adjudicó en 1981 con el River Plate, que en trenaba Alfredo Di Stéfano, al que ya conocía Kempes de su anterior etapa en el Valencia.

Delantero corpulento

Incluso era propenso a en gordar, por lo que cuidaba, y mucho, su alimentación. Ben dita mano la de su madre, Eglis, con los pucheros, a la que el Valencia se encomendó para que alimentara a su hijo como solo ella sabía hacer durante sus primeros años por Mestalla. La fotografía de Kempes va asociada a su fron dosa melena al viento, mien tras corría cual tren de mer cancías superando a cuantos rivales se le pusieran por de lante. Así marcó uno de sus dos goles contra Holanda en la final del Mundial, cabal gando entre defensas hasta poder rematar a Jongbloed y zafándose casi a empujones de Suurbier y Poortvliet para poder enviar a la red el balón con los tacos. Así anotó tam bién uno de sus dos goles con el Valencia en la final de Copa del Rey de 1979 contra el Real Madrid, en el Manzanares, arrollando a San José y Del Bosque y fusilando a García Ramón.


Kempes era un futbolista de talento y furia. De potencia y precisión. Pelé lo definió como “un jugador de toda la cancha. Tiene esa increíble energía que lo hace estar de fendiendo en un determinado momento y de pronto colo carse en posición de hacer goles, empujado por su in saciable apetito de red”. Pre cisamente por su mayúscula fuerza trataron de atacarlo. En la prensa de Brasil, en los días previos a la semifinal ante Argentina de 1978, se le llegó a difamar con una nunca de mostrada adicción a los es timulantes. “¿En qué se con vertiría el futbol mundial si de pronto, y a raíz de ese talento, lo acusamos de tomar dro gas?”. Las palabras en defensa suya no son de ningún com patriota. Fueron dichas por el propio Pelé.

Kempes era también un maniático de costumbres. Ri tuales en la preparación de los partidos que fue acumulando con los años y repitiendo una y otra vez. Por ejemplo, el de afeitarse el bigote dos horas antes de cada partido. Todo comenzó cuando en la previa de Argentina frente a Polonia, de la primera fase del Mundial de 1978, tras tres partidos en los que el Matador no había visto puerta, Menotti se acer có y, tras haberle insistido antes el Tolo Gallego y Pas sarella, le dijo: “Mario, aféi tese, a ver si cambia su suer te”. Así lo hizo y así sucedió.

También hay un origen de la cinta adhesiva blanca que siempre se colocaba debajo de la rodilla derecha antes de salir a jugar. Fue en un partido en Mestalla, contra el Rayo Vallecano, de la temporada 1977-1978. Kempes estaba ju gándose el Trofeo Pichichi con Santillana. Ese día notó un pinchazo en la articulación y fue atendido por los doc tores. Como remedio de ur gencia le colocaron una cinta adhesiva blanca.


Volvió al campo y anotó cuatro goles, con lo que superó en la tabla al delantero del Real Madrid.

Marito pudo haber sido carpintero, como su padre, co mo Mario Alberto haber ini ciado su carrera en la base de Newell’s Old Boys, pero se empeñó en ser futbolista, co mo también lo había sido su progenitor, y este se negó a que se fuera tan lejos de Bell Ville cuando era joven y prefirió que probara en el Ins tituto Atlético Central Cór doba, para que al menos pu diera dormir cada noche en casa. Su forma de recalar en el que era su primer club grande también evidencia su perso nalidad. Digamos que fue a pasar una prueba con carta de recomendación. Cuando llegó y el entrenador le preguntó su nombre, respondió: “Mario Aguilera”. “¿Usted no conoce a un tal Kempes, que también viene de Bell Ville y dicen que es muy bueno?”. “No, no lo conozco”. Cinco goles en cua tro partidos le sirvieron para que en una semana firmara su primer contrato.

La rentabilidad que Insti tuto le sacó a su fichaje queda fuera de toda duda, al recor dar que solo una temporada después fue traspasado a Ro sario Central por US$160 mil, convirtiéndose en ese instan te en el traspaso más caro en el mercado argentino y él, con solo 19 años, en el futbolista mejor pagado. Tampoco en Rosario les salió mal el ne gocio. Dos años después, el Valencia abonó US$600 mil y rompió de nuevo los registros de traspasos en Argentina. Los pagó, eso sí, antes del plebiscito para decidir entre todos los socios de Rosario Central si le vendían; mil 199 votaron y 967 aceptaron.

Kempes llegó al Valencia gracias a los recortes de es tadísticas de la Revista Grá fico, que ojeaba cada semana Bernardino Pérez, Pasieguito. Al entonces director depor tivo le llamaron poderosa mente la atención los regis tros goleadores del delantero de Rosario Central. No había como ahora la facilidad de ver futbol a todas horas por la televisión, y Pasieguito se apersonó en Rosario para ver durante dos semanas entrenar y jugar a Kempes, a quien ya por aquel entonces se le co nocía con el apodo del Matador, que le puso el periodista José María Muñoz, durante la narración de un gol suyo a Boca Juniors y que hoy es una marca registrada. So bra decir que Pasieguito no lo pensó dos veces.

Kempes fue, y aún lo es, el futbolista más grande del Va lencia. Su presencia en Mestalla significó para la entidad un salto cualitativo y, sobre todo, su auténtica internacio nalización. El Valencia era desde hacía décadas un club laureado e histórico en Es paña, pero, más allá de que tuviera en sus vitrinas dos Copas de Ferias, gracias a la figura del Matador fue cuan do de verdad abrió fronteras. A fin de cuentas, en el Va lencia jugaba quien en esos instantes era el mejor jugador de futbol del mundo.

Con Kempes, además, ganó el título más prestigioso que tiene el club a nivel conti nental: la Recopa de Europa de 1980. Final en la que, por cierto, demostró su condición de jugador de equipo y pre cisamente a raíz de ese en cuentro arrancó su particular calvario con las lesiones. Por que Kempes no estaba en ple nas condiciones como para participar, tenía la rodilla in flamada y fue duda hasta úl tima hora. De hecho, apenas tocó la bola durante los 90 minutos y la prórroga, y hasta falló su lanzamiento, el pri mero, en la tanda de penaltis. Pero Di Stéfano habló con él antes de la final y le pidió que jugara. Le vino a decir que con solo saber que Kempes estaba enfrente suyo los defensores del Arsenal le prestarían es pecial atención y dejarían li bre de marca a otro com pañero. Y eso hizo todo un campeón del mundo, sacri ficarse por el equipo.

Kempes sirve como para digma de la exigencia de Mes talla, y a la vez de su entrega hacia aquellos futbolistas que dan todo lo que tienen por su Valencia. Como recuerdan los que estuvieron en aquel Tro feo Naranja de 1976, en el que Kempes se presentó en so ciedad: “Si Mestalla se le silbó a Don Mario Alberto Kempes en su primer partido con el Valencia, ¿qué jugador puede pensar que está libre de no ser silbado?”. Porque eso sucedió, sí. Kempes fue silbado apenas aterrizado en España.

Aquella noche el Matador no estuvo precisamente fino contra el CSKA. En realidad fueron unos días estresantes y que tuvieron la guinda con aquel mal partido. Largo viaje desde Argentina a Madrid, del frío invierno al caluroso ve rano con solo bajar de un avión, y hasta un susto se llevó durante la revisión mé dica. En las radiografías apa recieron unas manchas ne gras en el estómago, que fi nalmente resultaron ser per digones que había ingerido en un restaurante de Motilla de Palancar junto a unas sucu lentas codornices en escabeche.

Dicho todo ello, no es de extrañar que ante el CSKA fallara cinco claras ocasiones de gol y hasta lanzara fuera un penalti. Pero tales argumen tos exculpatorios no impidie ron que el presidente Ramos Costa escuchara cómo desde la grada llamaban “burro” al que era su fichaje estrella y que él mismo buscara en el palco a Pasieguito con mirada de ‘¿qué me has traído?’. En tonces el secretario técnico no dijo nada. Hoy bien podría decir que trajo al mejor fut bolista de la historia del Va lencia.