sábado, 27 de agosto de 2022
MARIO KEMPES Nota de "El Gráfico"
El Matador fue el goleador del Mundial con tres “dopietas” memorables: dos a Polonia, dos a Perú y dos a Holanda en la final. Luego de una primera fase discreta y signada por una sequía total, Marito explotó en la segunda y fue la gran figura del torneo. ¿Cuál fue el secreto mágico de ese cambio abismal? Una simple afeitada. Arrancó el campeonato con la idea de no rasurarse hasta el final, pero la mano venía torcida y decidió afeitarse antes de jugar con Polonia. Santo remedio: se volvió imparable. Kempes estuvo a punto de perderse el Mundial por una lesión: “Una semana antes, trabé fuerte en un partido contra Gijón y se me jodió la rodilla. Los médicos del Valencia querían operarme, pero salí disparando. Si me mandaban al cuchillo, me perdía el Mundial. Fui a un curandero y me recomendó que me pusiera una venda en la rodilla. Tuvo un efecto más psicológico que terapéutico, pero me sirvió”. A pesar de ser uno de los máximos artífices de la consagración, Kempes no pudo acariciar la Copa aquel 25 de junio: “Passarella la agarró y no se la prestó a nadie, ni un beso le pude dar”
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sábado, 14 de mayo de 2022
sábado, 9 de abril de 2022
Emocionante recibimiento a Mario Kempes en su visita a Bell Ville
La figura de la Selección Argentina campeona del Mundial de 1978 será reconocido este sábado en esa localidad cordobesa. Caravana en homenaje a Mario Alberto Kempes en Bell Ville Foto: Martín Lampallas Redacción Vía Córdoba Apoco de cumplirse 44 años del campeonato mundial logrado por la Selección Argentina, Mario Alberto Kempes está de visita en su ciudad natal Bell Ville. El exfutbolista y figura de aquel torneo será homenajeado durante toda la jornada de este sábado. Por: viapais.
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sábado, 19 de febrero de 2022
El bigote maldito de Mario Kempes
Pedro Carbone @carbone_pedro
Alguna vez alguien dijo: “No creo en las cábalas, pero les tengo mucho respeto”. Una frase totalmente aplicable, sobre todo, en el mundo del fútbol, donde el fanático no lava la camiseta, tampoco el calzoncillo, se sienta siempre en el mismo lugar y pone el volumen al mismo nivel, creyendo que alguna fuerza mística reconocerá todos esos pequeños y delicados esfuerzos y le concederá a su equipo la victoria. Pero cuando llega la derrota, y llegará, el fanático no cuestiona la cábala. Simplemente crea una nueva y hasta que no deje de darle resultado, no la cambia. El proceso se repite cuantas veces sea necesario, casi como un manual.
La creencia en estas metodologías es un simple “creer o reventar”. La fe se pone a prueba constantemente y hay quienes huyen a darle valor alguno. Sin embargo, hace 40 años alguien decidió confiar y la historia de una nación cambió para siempre.
En 1978, se registraron 3455 nacidos con el nombre Mario Alberto, por Kempes, el Matador. El delantero cordobés nacido en Bell Ville era el único futbolista del seleccionado que no jugaba en un club local, para representar a Argentina en la Copa del Mundo. Sus goles los marcaba en el Valencia español, donde lo consideran un ídolo.
Pero para que esos 3455 pibes lleven ese doble nombre, algo tuvo que suceder. Y es ahí donde las cábalas, estas creencias místicas inexplicables, se apropian del centro de la escena. Y no fue Carlos Bilardo en ponerlas en práctica esta vez, ni Reinaldo Mostaza Merlo con sus famosos cuernitos. En esta oportunidad, el protagonista es la antítesis: César Luis Menotti.
Así es, el autor del libro ‘Fútbol sin trampa’ tenía un as bajo la mano, una pequeña ayudita para desbloquear una maldición. En los primeros tres partidos de la Copa del Mundo del 78, disputada por primera y única vez en suelo local, la Selección Argentina necesitó de los goles de Daniel Bertoni, Daniel Pasarella y Leopoldo Luque, este último en dos ocasiones, para superar los partidos ante Hungría (2-1) y Francia (2-1), aunque no alcanzaron para pasar a los italianos (0-1) en el último encuentro de la fase.
Pero el destape llegó para el encuentro ante Polonia, en Rosario. El Matador Kempes no había podido marcar en ninguno de los tres choques anteriores, y Menotti le mostró su preocupación. Sin embargo, no le explicó una técnica especial ni tampoco intentó que mejorara un movimiento que estaba haciendo mal dentro del campo y que lo alejaba del gol, como uno pudiera suponer del estudioso Menotti. No. Le sugirió que se afeitara el mostacho: “Mario, ¿por qué no se afeita, a ver si le cambia la suerte?”.
Kempes, que había sido el Pichichi de las temporadas 1976/77 y 1977/78 en el conjunto Che, se dio cuenta que el bigote no lo había acompañado en sus conquistas, por lo que no le pareció descabellado el consejo y antes del partido con Polonia se afeitó. Aquel 14 de junio, no solo rompió con el maleficio, sino que marcó dos goles y voló con reflejos de gato para taparle con la mano un gol sobre la línea a los polacos, y no solo eso, sino que el arquero Ubaldo Fillol, además, le atajaría el tiro penal al capitán europeo Kazimierz Deyna.
Después de aquel día, Kempes repitió el ritual afeitándose antes de cada cruce, y volvió a marcar por duplicado ante Perú, en el 6-0 que le permitió a la Selección Argentina acceder a la final, y otro doblete ante Holanda, en el partido definitorio del campeonato que le dio el certamen, por primera vez, a los argentinos. El Matador se llevó el premio al máximo goleador del torneo mundialista gracias a sus seis goles en cuatro partidos, todos sin mostacho.
viernes, 28 de mayo de 2021
«Nos dejó a todos con la boca abierta»
Los excompañeros de Kempes en el Hércules recuerdan su calidad y ensalzan su humanidad antes del homenaje que le tributa INFORMACIÓN este sábado en el Rico Pérez
por Ramón Pérez
Alineación del 5-2 al Celta en la 85-86: Espinosa, Cartagena, Puncho, Botella, Kempes, Juan Carlos, Reces, Bakero, Kike, Carlos y Parra.
José Torregrosa, presidente del Hércules, se desplazó a Valencia en diciembre de 1984 para sacar a Kempes del ostracismo y de las pistas de fútbol sala y utilizarlo de reclamo para una temporada que comenzaba a coger mal color. Con Torregrosa viajó el entonces técnico del club, Carlos Jurado, al que Kempes le pidió una única condición: «Si voy es para jugar de 10, no quiero que me den tantas patadas de delantero». Dicho y hecho.
El fichaje por el Hércules de Kempes, campeón y máximo goleador del Mundial de 1978, era toda una realidad. Su participación se esperaba como agua de mayo y su debut se produjo antes incluso de terminar el año. Aunque el último encuentro había sido un meritorio empate a dos contra el Real Madrid, Jurado llegaba a la cita asfixiado tras 10 jornadas consecutivas sin ganar. El 23 de diciembre de 1984 alineó de inicio a Kempes en la visita a Alicante del Zaragoza.
«Nos sorprendió como mucho cuando nos enteramos de que venía, pero más todavía cuando vimos que venía tan bien», recuerda hoy Reces, integrante de aquella plantilla del Hércules. «Tenía toda la calidad del mundo, pero su estado física era una incógnita porque venía de jugar al fútbol sala y nos dejó con la boca abierta», apunta el exfutbolista.
En su primera temporada su fútbol ayudó a que el Hércules se mantuviera en Primera, no sin dificultad, pues la permanencia se conseguiría tras la célebre victoria en el Bernabéu con gol de Sanabria. Sin embargo, entre los compañeros caló más hondo incluso su humanidad. «Me gustó incluso más el tipo de persona que era», explica Pascual Luna Parra. «Nunca actuó con superioridad, como jugador era un monstruo, pero es que como persona era igual o mejor», recuerda el alicantino José Vicente Ramos.
fuente: Informacion-es (Alicante)
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