sábado, 9 de abril de 2022

hace 4 días La Voz Mario Kempes en Bell Ville: cena con leyendas del fútbol argentino y emociones para “el Matador”

Foto: La Voz (Córdoba)

Emocionante recibimiento a Mario Kempes en su visita a Bell Ville

 


La figura de la Selección Argentina campeona del Mundial de 1978 será reconocido este sábado en esa localidad cordobesa.
Caravana en homenaje a Mario Alberto Kempes en Bell Ville Foto: Martín Lampallas Redacción Vía Córdoba Apoco de cumplirse 44 años del campeonato mundial logrado por la Selección Argentina, Mario Alberto Kempes está de visita en su ciudad natal Bell Ville. El exfutbolista y figura de aquel torneo será homenajeado durante toda la jornada de este sábado. Por: viapais.

sábado, 19 de febrero de 2022

El bigote maldito de Mario Kempes

 


Pedro Carbone @carbone_pedro 

 Alguna vez alguien dijo: “No creo en las cábalas, pero les tengo mucho respeto”. Una frase totalmente aplicable, sobre todo, en el mundo del fútbol, donde el fanático no lava la camiseta, tampoco el calzoncillo, se sienta siempre en el mismo lugar y pone el volumen al mismo nivel, creyendo que alguna fuerza mística reconocerá todos esos pequeños y delicados esfuerzos y le concederá a su equipo la victoria. Pero cuando llega la derrota, y llegará, el fanático no cuestiona la cábala. Simplemente crea una nueva y hasta que no deje de darle resultado, no la cambia. El proceso se repite cuantas veces sea necesario, casi como un manual. 

La creencia en estas metodologías es un simple “creer o reventar”. La fe se pone a prueba constantemente y hay quienes huyen a darle valor alguno. Sin embargo, hace 40 años alguien decidió confiar y la historia de una nación cambió para siempre. 

En 1978, se registraron 3455 nacidos con el nombre Mario Alberto, por Kempes, el Matador. El delantero cordobés nacido en Bell Ville era el único futbolista del seleccionado que no jugaba en un club local, para representar a Argentina en la Copa del Mundo. Sus goles los marcaba en el Valencia español, donde lo consideran un ídolo. 

Pero para que esos 3455 pibes lleven ese doble nombre, algo tuvo que suceder. Y es ahí donde las cábalas, estas creencias místicas inexplicables, se apropian del centro de la escena. Y no fue Carlos Bilardo en ponerlas en práctica esta vez, ni Reinaldo Mostaza Merlo con sus famosos cuernitos. En esta oportunidad, el protagonista es la antítesis: César Luis Menotti. 

Así es, el autor del libro ‘Fútbol sin trampa’ tenía un as bajo la mano, una pequeña ayudita para desbloquear una maldición. En los primeros tres partidos de la Copa del Mundo del 78, disputada por primera y única vez en suelo local, la Selección Argentina necesitó de los goles de Daniel Bertoni, Daniel Pasarella y Leopoldo Luque, este último en dos ocasiones, para superar los partidos ante Hungría (2-1) y Francia (2-1), aunque no alcanzaron para pasar a los italianos (0-1) en el último encuentro de la fase. 

Pero el destape llegó para el encuentro ante Polonia, en Rosario. El Matador Kempes no había podido marcar en ninguno de los tres choques anteriores, y Menotti le mostró su preocupación. Sin embargo, no le explicó una técnica especial ni tampoco intentó que mejorara un movimiento que estaba haciendo mal dentro del campo y que lo alejaba del gol, como uno pudiera suponer del estudioso Menotti. No. Le sugirió que se afeitara el mostacho: “Mario, ¿por qué no se afeita, a ver si le cambia la suerte?”.

Kempes, que había sido el Pichichi de las temporadas 1976/77 y 1977/78 en el conjunto Che, se dio cuenta que el bigote no lo había acompañado en sus conquistas, por lo que no le pareció descabellado el consejo y antes del partido con Polonia se afeitó. Aquel 14 de junio, no solo rompió con el maleficio, sino que marcó dos goles y voló con reflejos de gato para taparle con la mano un gol sobre la línea a los polacos, y no solo eso, sino que el arquero Ubaldo Fillol, además, le atajaría el tiro penal al capitán europeo Kazimierz Deyna. 

Después de aquel día, Kempes repitió el ritual afeitándose antes de cada cruce, y volvió a marcar por duplicado ante Perú, en el 6-0 que le permitió a la Selección Argentina acceder a la final, y otro doblete ante Holanda, en el partido definitorio del campeonato que le dio el certamen, por primera vez, a los argentinos. El Matador se llevó el premio al máximo goleador del torneo mundialista gracias a sus seis goles en cuatro partidos, todos sin mostacho.


viernes, 28 de mayo de 2021

«Nos dejó a todos con la boca abierta»

Los excompañeros de Kempes en el Hércules recuerdan su calidad y ensalzan su humanidad antes del homenaje que le tributa INFORMACIÓN este sábado en el Rico Pérez 

 por Ramón Pérez



Alineación del 5-2 al Celta en la 85-86: Espinosa, Cartagena, Puncho, Botella, Kempes, Juan Carlos, Reces, Bakero, Kike, Carlos y Parra.

 José Torregrosa, presidente del Hércules, se desplazó a Valencia en diciembre de 1984 para sacar a Kempes del ostracismo y de las pistas de fútbol sala y utilizarlo de reclamo para una temporada que comenzaba a coger mal color. Con Torregrosa viajó el entonces técnico del club, Carlos Jurado, al que Kempes le pidió una única condición: «Si voy es para jugar de 10, no quiero que me den tantas patadas de delantero». Dicho y hecho. 

El fichaje por el Hércules de Kempes, campeón y máximo goleador del Mundial de 1978, era toda una realidad. Su participación se esperaba como agua de mayo y su debut se produjo antes incluso de terminar el año. Aunque el último encuentro había sido un meritorio empate a dos contra el Real Madrid, Jurado llegaba a la cita asfixiado tras 10 jornadas consecutivas sin ganar. El 23 de diciembre de 1984 alineó de inicio a Kempes en la visita a Alicante del Zaragoza. 




 «Nos sorprendió como mucho cuando nos enteramos de que venía, pero más todavía cuando vimos que venía tan bien», recuerda hoy Reces, integrante de aquella plantilla del Hércules. «Tenía toda la calidad del mundo, pero su estado física era una incógnita porque venía de jugar al fútbol sala y nos dejó con la boca abierta», apunta el exfutbolista.

 En su primera temporada su fútbol ayudó a que el Hércules se mantuviera en Primera, no sin dificultad, pues la permanencia se conseguiría tras la célebre victoria en el Bernabéu con gol de Sanabria. Sin embargo, entre los compañeros caló más hondo incluso su humanidad. «Me gustó incluso más el tipo de persona que era», explica Pascual Luna Parra. «Nunca actuó con superioridad, como jugador era un monstruo, pero es que como persona era igual o mejor», recuerda el alicantino José Vicente Ramos.

fuente: Informacion-es (Alicante)

martes, 18 de mayo de 2021

Mayo 18 de 1974: Kempes rompe la red en "El Parque de los Principes"

 


18/05/1974 Francia 1 - Argentina 1 (Mario Kempes) - Amistoso internacional Árbitro: Jan Keizer Estadio: Parque de los Príncipes (París - Francia)


Mario Alberto Kempes (19) autor del Gol de la victoria Argentina.




Argentina: (arriba) Glarìa, Bargas, Sa, Carbevali, Perfumo y Telch. 
 (abajo) Balbuena, Brindisi, Kempes, Squeo y Houseman

jueves, 13 de mayo de 2021

KEMPES, EL SEÑOR DEL FÚTBOL...

Mario Alberto Kempes "El Matador" 

KEMPES, EL SEÑOR DEL FÚTBOL...

Por Eliseo Trillini


El partido ante la Selección del Sur era la excusa perfecta para presentar nuevamente ante su público al jugador más esperado previo al Mundial ’78. Regresaba Mario de España para ponerse la celeste y blanca y todos estábamos ansiosos y felices. Era la recta final hacia lo que sería la inolvidable consagración en el Monumental.

No podíamos faltar. Por eso, la orden que recibimos de los jefes del diario El País en la Noticia fue contundente: “viajás a cubrir ese cotejo pero tenés que traer una nota con Kempes”. No había excusas ni justificativos. La inversión tenía un solo objetivo.

El vuelo de ida se complicó, tanto para los periodistas como para la Selección. La espesa niebla demoró más de la cuenta la llegada a Bahia Blanca y casi todos arribamos sobre la hora.
Fue imposible ir al hotel y conversar con el cordobés. En la cancha, luego de la goleada, en unos vestuarios precarios y atestados de colegas y curiosos, también fue una utopía acercarse al ídolo. Nos quedaba sólo la oportunidad que Mario baje al lobby del alojamiento. Eso tampoco ocurrió porque la orden del profesor Pizzarotti fue estricta: Nadie se mueve de sus habitaciones. La nota parecía esfumarse y ya se dibujaba en mi mente las caras del Negro Héctor Cardozo, Jorge Brisaboa y el resto de la Redacción cuando regresara a Rosario con las manos vacías.

No les podía fallar. Sin embargo, al que insiste Dios lo ayuda y apareció el milagro. Bajó Houseman y le pregunté por el número de la habitación de Mario. El Hueso, otro humilde fenomenal, me pasó el dato. Me escubíllé por las escaleras y con todo atrevimiento golpee la puerta. Abrió el “Guaso” y preguntó: “¿quién sos vos, qué hacés aquí?”. Nervioso respondí: “Mario, soy de Rosario, me manda un amigo tuyo, Jorge Balbo (compañero del diario), necesito sí o sí una nota con vos”. Abrió sin problemas y luego de preguntarme por Jorge nos dispusimos a realizar la entrevista.

La cuestión no sería sencilla y lo que seguiría es digno de un cuento tragicómico.
Sobre la cama estaba descansando Humberto Bravo. Sólo cubierto con una toalla, recién terminaba de ducharse. Mario en calzoncillos. Así arrancamos el reportaje.

Segundos más tarde vuelven a golpear la puerta, era Pizzarotti, quien había escuchado voces fuertes. Preguntó desde el pasillo qué ocurría y le respondieron: “el sonido del televisor está alto”. Mario me hizo señas que pasemos al baño para evitar ruidos y mientras él se afeitaba y yo me acomodaba en el inodoro, papel y lápiz en mano, casi temblando, fue confeccionándose aquél reportaje que resultó histórico.
Era la primera vez que estaba frente a uno de los monstruos del fútbol, a quien también admiraba y que me terminó demostrando ser un fenómeno de persona.

Mario Kempes en el partido ante la Selección del Sur

Después llegó la gloria del Mundial ’78. A partir de allí nació una amistad y un respeto enorme hacia un tipo diferente, sencillo, humilde, amigo de sus amigos, quien en ese lluvioso y gélido atardecer bahiense me tendió un puente gigante para seguir el camino hacia mi consolidación periodística.

En 1994 en pleno suceso del programa Deportes de Primera por Cablehogar, Mario había sido invitado por los dirigentes de Central para un partido homenaje en el Gigante. Lo dejaron colgado. Sin hacer escándalos, fiel a su estilo, estaba dispuesto a retornar a Córdoba. Tuvimos la idea de llamarlo y ofrecerle nosotros armar un encuentro con sus ex compañeros auriazules ante un equipo de periodistas. Mario aceptó y aquella noche en el estadio cubierto de Provincial hasta nos dimos el gusto de enfrentar a quien, en mi humilde opinión, fue un grande entre los grandes.
Ni la sangre inocente derramada por los militares asesinos que gobernaron el país en el ’78 mancharon el esplendor y la decencia de un fenómeno: Mario Alberto Kempes.


 Mario Alberto Kempes y Eliseo Trillini